El texto presenta a la plaza jurídica de Girona como un ecosistema degradado, endogámico y moralmente corrompido, donde abogados, secretarios judiciales y jueces no actuarían como garantes del derecho, sino como piezas de una maquinaria de abuso, venganza y blindaje corporativo.
Analizamos cómo la expansión de la vigilancia basada en inteligencia artificial puede entrar en conflicto con los derechos fundamentales, y cómo una posible reforma de la justicia penal podría ampliar aún más el control institucional.