Texte original publié par No es época para tontos.
Una actuación termina en condena penal pese a que, antes de realizarla, la abogada habría consultado a un juez y recibido de esa autoridad una respuesta favorable. El núcleo del caso es el error de prohibición: para considerar intencional una conducta no basta con probar lo ocurrido, sino que debe analizarse si quien actuó sabía que estaba infringiendo la norma. Según la transcripción, durante el procedimiento se impidió precisamente el testimonio del juez cuya respuesta previa podía resultar decisiva para determinar la existencia de ese conocimiento. La condena siguió adelante y terminó teniendo consecuencias profesionales graves. El episodio cuestiona cómo puede afirmarse la existencia de dolo cuando una autoridad había indicado previamente que la conducta podía realizarse.


