Texte original publié par No es época para tontos.
Un abogado denuncia a decenas de magistrados después de considerar que distintas actuaciones judiciales vulneraron los derechos de sus clientes. La historia arranca con más de 8.000 euros que, según la transcripción, fueron confiscados en un procedimiento relacionado con una quiebra. Campos responde presentando denuncias formales y llevando el conflicto incluso al terreno de la lucha europea contra la corrupción. Más adelante, una advertencia escrita a una magistrada recordándole la responsabilidad personal de los jueces por resoluciones injustas es interpretada como un ataque a su independencia. La reacción institucional pone entonces al propio abogado bajo amenaza profesional. El episodio plantea una cuestión incómoda: ¿qué ocurre cuando exigir que un juez cumpla la ley termina convirtiéndose en el argumento para apartar al abogado que lo exige?


